Lógica de Estado
es un artículo del miembro de la RED VASCA ROJA Iñaki Gil de San Vicente publicado en GARA el 14 de octubre de 2000.
Lógica de Estado
Las últimas y recientes acciones represivas, los cambios y añadidos al sistema penal vigente cercenando los derechos elementales de la juventud y de la libertad de expresión, la involución generalizada en otros derechos como los de educación, los laborales y sociales, los de los emigrantes y un largo etcétera, en suma, este retroceso cualitativo y global, responde más y ante todo a una necesidad del Estado que a una necesidad estricta de la estrategia represiva, y sobre todo más que al odio del PP a la libertad y dignidad humanas.
Es cierto que en todo sistema dictatorial, y el capitalista lo es por su esencia, la lógica represiva tiene una autonomía propia admitida y asumida por el sistema, con tendencia a expandir sus poderes más allá de la cínica legalidad oficial. También es cierto que el PP se regodea y goza en su odio a la libertad en general y en concreto la de las clases trabajadoras, naciones oprimidas y mujeres, pero su práctica responde a una estrategia que integra el odio en un esquema superior.
Preferimos, por tanto, hablar de lógica de Estado porque sólo desde esta perspectiva comprendemos por qué sucede lo que sucede y sabemos cómo combatirlo.
La represión sufrida por la Fundación Zumalabe, por citar este ejemplo, puede ser interpretada como un ataque al derecho y práctica de la desobediencia e insumisión pacíficas y como una muestra más de la incompatibilidad del PP con la libertad, lo que es cierto; pero es mucho más que eso, aunque la inmensa mayoría de artículos y comentarios realizados sobre ese caso se hayan movido dentro de esta interpretación válida pero limitada, pues este caso, como todos los demás, muestra que nos enfrentamos además de a la criminalización de la desobediencia, también y fundamentalmente a UN ATAQUE GENERALIZADO CONTRA EUSKAL HERRIA.
En realidad, estamos bajo el paradigma represivo del PP definitivamente elaborado, y que se diferencia cualitativamente del que aplicó el PSOE. No podemos explicar aquí las características de este último ni menos aún la relación entre paradigma, sistema y estrategia represivas, pero sí indicar las innovaciones básicas del actual: una, que el PP ya no aplica la doctrina de contrainsurgencia de baja intensidad porque ésta exige siquiera una pantalla de legalidad neutral, de diversidad de expresión y debate político, de demagogia sobre el diálogo..., apariencias y formalismos de los que pasa el PP; otra, que el PP ya no aplica el nacionalismo español del PSOE, con su racismo consustancial pese a tolerar la presencia del PNV en la secundaria Gasteiz pero no en la estratégica Iruñea, sino el fanático imperialismo español típico del cardenal Cisneros que ni siquiera tolera a los regionalistas y autonomistas vascongados; y para acabar, que el PP ha movilizado más y mejor que el PSOE, y fue tremendo, todos los recursos represivos del Estado en sí y del orden simbólico del imperialismo español como la misma burocracia eclesiástica, la intelectualidad más añorante de Torquemada, Juan de Austria y Onésimo Redondo. Es cierto que desde finales de los ochenta el PSOE fue introduciendo algunas de estas innovaciones, pero no le dio tiempo a crear otro paradigma represivo.
Estos y otros cambios significan que el PP ha llevado la lógica de Estado a su máxima operatividad, cosa que el PSOE no llegó a realizar al separar la «guerra sucia» de la «guerra limpia», o sea la represión alegal de la legal. El PP ha cubierto ese salto que caracteriza a las democracias burguesas, pues todas ellas tienen sus organizaciones armadas de «guerra sucia», pero también aplican la represión que ellos mismos legalizan. También es cierto que el PSOE avanzó en esa dirección y los datos cantan pero no pudo completar el salto. La lógica de Estado, que no de simple represión por criminal que fuera, se distingue por su secretismo, totalitarismo y manipulación alienadora esenciales y por la supeditación de los medios a los fines. Todo vale y para que valga más y mejor ha de ser legalizado e introducido en el código penal, que es un globo que se hincha o deshincha según las necesidades represivas. Con estos poderes a su disposición el PP aplica una escala de prioridades a la hora de dar tal o cual paso: primera, aplastar a la izquierda abertzale, no sólo dividirla o debilitarla sino liquidarla; segunda, expulsar al PNV del gobiernillo de Gasteiz y hacer retroceder, que no sólo detener el proceso de construcción nacional euskaldun, controlando Gasteiz e Iruñea y estrechando lazos con el imperialismo francés; tercera, sacar beneficio electoral por la «reconquista del norte» y dominar aún más a un PSOE desarbolado y a la deriva, con una vía de agua de 4.500 millones de pesetas de deuda, y cuarta, modernizar el imperialismo español ante las exigencias del capitalismo actual, lo que exige nuevas y peores medidas racistas, reaccionarias y machistas.
Estas prioridades exigen un paradigma represivo que planifique estratégicamente el orden, el objetivo y la secuencia de los golpes represivos. Intervienen aquí factores más o menos casuales y aleatorios, como, por ejemplo, errores y fallos de la izquierda abertzale, factores que facilitan tal o cual acción policial, campaña de mentira e intoxicación mediática, etcétera, pero, aparte de esto, lo decisivo en la aplicación del sistema represivo es la evolución del verdadero problema, o sea del problema español en sí mismo, y de su concreción ante y contra Hego Euskal Herria.
Desde esta perspectiva, vemos un lazo azul, que no hilo rojo, que envuelve todos los actos del PP desde verano de 1996 hasta ahora. Sin extendernos y dejando mucho en el tintero, ese lazo azul empieza en los intentos de decapitación de la supuesta «cabeza» dirigente como la Mesa Nacional de HB; sigue con el cierre de medios de comunicación crítica y democrática como "Egin" y Egin-Irratia; avanza en los ataques a la identidad cultural e histórica; se extiende a colectivos legales que explican internacionalmente la razón vasca como Xaki, a colectivos que trabajan por los derechos y libertades básicas como Ekin, criminaliza y amenaza de muerte a grupos de investigación y divulgación teórica como Basque Red Net; ataca al movimiento popular y social, y, hasta ahora, amenaza con «despertarse entre rejas» a la supuesta «dirección» abertzale. Por debajo de este lazo azul se aprecia el miedo del Estado a la autoorganización múltiple y en red de sectores cualitativos y crecientes del pueblo trabajador vasco.
Una característica de esta autoorganización es que se fortalece a mediados de los años sesenta y va creando desde entonces una praxis decisiva aunque muchas veces invisible, o subterránea, pero material en los problemas y momentos decisivos. Esta fuerza ha ido ganando en complejidad, enriqueciéndose en interrelaciones y ampliando su influencia. Sus logros son innegables y perduran pese al desprestigio y silenciamiento que sufre desde el poder y su prensa, incluido el PNV.
Otra característica ha sido y es la práctica de la desobediencia social, de la insumisión colectiva e individual, de formas de lucha no violentas y pacíficas, de acciones de denuncia y concienciación en las que intervienen decisivamente personas mayores y colectivos de todo tipo. No es cierta la creencia propagada interesadamente según la cual el independentismo abertzale ha despreciado estas eficaces y necesarias formas de lucha, o las ha supeditado a otras, sacrificándolas incluso. Al contrario. Una historia crítica y contrastable muestra no sólo una interrelación de métodos sino también una práctica abertzale sostenida de la desobediencia y autoorganización independiente en todos los sentidos. Y muestra, además, su tendencia expansiva, razones ambas que explican la intervención en su contra del Estado y su lógica.